
Desde hace años, se dice que lleva dos de retraso, se está construyendo en La Isla un Museo con el rimbombante título de “Parque de la Historia y el Mar de S.F.”. La idea no parece del todo descabellada incluso para un lugar como éste que tantísimo tiempo ha vivido de espaldas a la procelosa mar océana que lo rodea, pero me temo que su realización práctica se haya convertido en un mar de despropósitos.
El Museo, que ya podemos apreciar casi en su totalidad, es un edificio singular (a mi ciertamente no me disgusta), diáfano y austero, de líneas rectas, fachada blanca, cuyo único alarde decorativo externo reside en la incorporación de un revoque de madera y la terminación en un mirador de hormigón de aire naviero, integrándose sin estridencia en el paisaje, entre caños y esteros, a pie de la Carretera de La Carraca, a la izquierda, justo antes de embocar el Puente de Hierro. (punto y aparte la sombra del Polígono Industrial que han construido enfrente, a escasos metros)
Desgraciadamente la inmensa mayoría de los isleños desconocen la existencia de este Museo, se supone que porque aún no ha entrado en funcionamiento, pero creo que la elección de su ubicación ha sido tan desafortunada, tan apartado del núcleo urbano, que seguirá siendo un gran desconocido una vez empiece a funcionar.
Si la razón de su ubicación ha sido el entorno y sus recursos, caños y esteros, de los que La Isla afortunadamente se encuentra rodeada, -a trescientos metros del centro urbano ya nos topamos con ellos-, ¿Por qué entonces tan lejos? El Museo tal como está concebido se convertirá en un lugar de peregrinación ajeno a la ciudad. Allí llegarán los autobuses discrecionales y desde allí recogida y a su templo. Se ha perdido la posibilidad de integrar un edificio singular y dinámico en la trama urbana de nuestra ciudad. Eso sí, La Isla Invisible ya cuenta con su Museo Invisible.