
Recuerdo cuando la Calle Real de La Isla se encontraba flanqueada por magníficos plátanos de sombra que daban carácter señorial a la que entonces era la arteria principal de la ciudad. Desgraciadamente, sin alcanzar nunca a entender las oscuras razones que lo motivaron, aquellos plátanos fueron arrancados y sustituidos por insípidos naranjos sin sombras. Estos naranjos vinieron acompañados de un criminal acerado que la más leve humedad transformaba en fenomenal pista de patinaje. Desde entonces ya nunca la Calle Real me pareció igual, igual de agradable claro, siempre me acuerdo de la sombra de los plátanos cuando al mediodía de un día de sol (que aquí son los más) me adentro en la Calle Real, y siempre vigilante y atento debo estar de no resbalar si tengo que recorrerla una mañana húmeda o lluvioso día. En fin, durante años, estos hechos y muchos otros, fruto de una nefasta gestión municipal, transformaron el centro comercial y administrativo de La Isla en un lugar hostil y poco atractivo para los ciudadanos.
Ahora, con la llegada del nuevo tranvía que, para mí acertadamente, atravesará la ciudad por La Calle Real, tengo la esperanza de que todo cambiará, que este espacio volverá a recuperar la vida de antaño. Visto el primer tramo recién terminado, ya libre de tráfico, me la imagino un gran paseo lleno de tranquilos paseantes y compulsivos compradores. Por favor no olviden las sombras de los árboles. De momento, ya desaparecieron los insípidos naranjos y el acerado criminal. Bienvenido seas, deseado tranvía.
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